La expectación se hizo evidente desde muy temprano: ya en las primeras horas de la mañana comenzaron a formarse largas filas alrededor del estadio. Familias enteras, grupos de amigas, parejas jóvenes y fanáticos que crecieron con las distintas etapas de la artista se congregaron con camisetas personalizadas, banderas y accesorios inspirados en la estética de Shakira.
Muchos llegaron con caderines brillantes, trenzas y estilismos que evocaban sus épocas más emblemáticas, creando un ambiente festivo incluso antes de la apertura de puertas.
El primer impulso musical de la noche llegó de la mano de la paraguaya Nath Aponte, quien, tras su participación destacada en La Voz Argentina, fue la elegida para abrir la jornada. Su actuación, que combinó solvencia vocal y carisma, sirvió para encender al público y preparar el terreno para lo que sería una noche de alto impacto emocional.
Luego de las 21:00, con el estadio ya colmado, las luces se apagaron y dio inicio un amplio despliegue visual y sonoro previo a la aparición de la estrella colombiana. Entre gritos, aplausos y una ola de teléfonos iluminados, Shakira irrumpió en el escenario bajo una puesta escénica de gran envergadura, con pantallas gigantes, una elaborada estructura de luces y elementos coreográficos que marcaron el tono de la velada.
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El repertorio recorrió distintos momentos de su carrera. El público conectó rápidamente con “Las de la intuición / Estoy aquí”, que provocó uno de los primeros grandes coros colectivos de la noche. También resonaron con fuerza “Empire / Inevitable”, que recordaron la faceta más rockera de la artista.
El ambiente subió aún más con los ritmos urbanos de “Te felicito” y “TQG”, recibidos con entusiasmo por las generaciones más jóvenes, mientras que temas como “Don’t Bother” y “Monotonía” consolidaron el tono emocional del concierto.
Hubo espacio para momentos más íntimos: el público reaccionó con especial calidez a “Acróstico”, acompañada por el video con la participación de sus hijos Milan y Sasha, que añadió una dimensión personal muy celebrada por los asistentes.
El estadio vibró también al ritmo de clásicos que no podían faltar. “Copa vacía”, “La bicicleta” y “La tortura” desataron coreografías espontáneas en las gradas, mientras que “Hips Don’t Lie” —uno de los momentos más esperados— hizo que prácticamente todo el estadio se levantara para acompañar la ya emblemática combinación de baile y percusión.
La colombiana continuó alternando energía y nostalgia con interpretaciones de “Si te vas”, “Ojos así” y una potente versión rock de “Pies descalzos, sueños blancos”. Las emociones afloraron especialmente con “Antología”, que fueron recibidas como un puente directo a los recuerdos de quienes han seguido su carrera desde sus inicios.

En el tramo final del show, “Suerte (Whenever, Wherever)” desató una nueva ola de euforia, y “Waka Waka (Esto es África)” transformó el estadio en una fiesta colectiva. Tras un breve cierre visual, Shakira regresó para culminar la noche con “Loba” y la explosiva BZRP Music Sessions #53, coreada de principio a fin.
Así transcurrió la primera de las dos noches de Shakira en Paraguay: un reencuentro marcado por la emoción, la entrega del público y una producción que combinó memoria, modernidad y ritmo.
La Nueva Olla volverá a llenarse esta noche para despedir la doble cita con la artista colombiana, cuya relación con el público paraguayo parece haberse fortalecido aún más tras este esperado retorno.