La cena de Acción de Gracias —conocida en inglés como Thanksgiving— es una de las festividades civiles más arraigadas de Norteamérica. Más allá del pavo al horno y los desfiles televisados, el día condensa tradiciones agrícolas, relatos fundacionales, hábitos migrantes y tensiones históricas que siguen reconfigurando su significado. Qué es, dónde se festeja, por qué surgió y cómo se celebra hoy: una guía para entenderla.
Qué es y por qué se celebra
Thanksgiving es, ante todo, un ritual laico de gratitud. En Estados Unidos se celebra el cuarto jueves de noviembre; en Canadá, el segundo lunes de octubre.
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Su núcleo es una comida compartida en la que familias y amistades se reúnen para dar gracias por las cosechas, los logros del año y la compañía. Es una jornada pensada para pausar la rutina, viajar —cuando es posible— y reforzar vínculos sociales.

Con el tiempo, la festividad se ha convertido en un hito de la “religión civil” estadounidense: un día común, no confesional, que articula valores como la comunidad, la prosperidad y la hospitalidad.
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A la vez, convive con una crítica creciente al relato tradicional, que idealiza los encuentros entre colonos europeos y pueblos indígenas del siglo XVII e invisibiliza conflictos, despojos y violencias posteriores.
Dónde se festeja
Estados Unidos y Canadá son sus epicentros institucionales. En Estados Unidos, el feriado moviliza la mayor ola de viajes del año y marca, de facto, el inicio de la temporada navideña. En Canadá, se asocia más directamente al calendario agrícola, por celebrarse al cierre de la cosecha otoñal.
Hay celebraciones afines en otros lugares, con distinto arraigo. En Brasil existe un “Dia de Ação de Graças” el último jueves de noviembre, de alcance limitado.
En Liberia se conmemora el primer jueves de noviembre, herencia del vínculo histórico con Estados Unidos.
En la isla Norfolk (Australia) se celebra por influencia de balleneros estadounidenses del siglo XIX.
En Leiden (Países Bajos), cada año se recuerda la estadía de los “Peregrinos” ingleses antes de su viaje al Nuevo Mundo. Además, comunidades estadounidenses y canadienses en el extranjero replican la festividad en ciudades de todo el mundo, incluidos países hispanohablantes.
Orígenes e historia
La escena más citada es el banquete de 1621 en Plymouth (actual Massachusetts), cuando colonos ingleses y miembros de la nación Wampanoag compartieron una comida tras la cosecha.

Si bien existieron encuentros y agradecimientos de ese tipo, su elevación a mito fundacional ha sido cuestionada por omitir el contexto de epidemias, alianzas forzadas y guerras que marcaron la colonia.
Historiadores subrayan que las “fiestas de gracias” eran comunes en Europa y entre pueblos indígenas mucho antes del episodio de Plymouth, y que el relato posterior simplificó una realidad compleja.
Como feriado nacional en Estados Unidos, Thanksgiving fue institucionalizado más tarde. George Washington proclamó un día de acción de gracias en 1789, pero la regularidad llegó en 1863, cuando Abraham Lincoln, en plena Guerra Civil, declaró un feriado anual en noviembre para “sanar las heridas de la nación”.

En 1939, Franklin D. Roosevelt lo movió una semana antes para estimular el comercio previo a Navidad; tras el debate, el Congreso fijó en 1941 la fecha actual: el cuarto jueves de noviembre.
En Canadá, las raíces combinan tradiciones de gratitud por la cosecha con relatos de exploradores como Martin Frobisher, quien en 1578 realizó una ceremonia de agradecimiento tras sobrevivir expediciones en el Ártico. El Parlamento canadiense formalizó el feriado en 1957, ubicándolo en octubre para alinearlo con su ciclo agrícola.
Costumbres y rituales
El corazón de la jornada es la mesa. El pavo asado suele ser el protagonista, acompañado por relleno (stuffing), puré de papas, salsa de arándanos, batata al horno, chauchas y pancitos.

De postre, el pastel de calabaza es emblema, junto a tartas de manzana o nuez pacana.
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En muchos hogares, antes de comer se hace una “ronda de gratitud” en la que cada comensal expresa aquello por lo que da gracias, o se dice una breve oración. Una tradición lúdica es romper el “hueso de la suerte” del pavo: quien se queda con la parte mayor puede pedir un deseo.

La cultura popular también moldea el día. En Nueva York, el desfile de Macy’s recorre Manhattan con globos gigantes, comparsas y bandas escolares, transmitido por televisión a millones de espectadores. El fútbol americano suma su propio ritual con partidos especiales de la NFL.
La Casa Blanca, por su parte, escenifica desde mediados del siglo XX el “indulto del pavo”, un acto simbólico en el que el presidente perdona a un ave para que no termine en la mesa.
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No todo ocurre en torno a la comida. Muchas personas destinan parte del día al voluntariado en comedores comunitarios, campañas de donación o distribución de canastas.

En ciudades universitarias y entre jóvenes adultos ha ganado popularidad el “Friendsgiving”, una versión más flexible, celebrada días antes o después, que reúne a amistades que no viajan a sus lugares de origen. Y el viernes siguiente, el “Black Friday”, se ha convertido en un fenómeno global de consumo, un contrapunto comercial que genera críticas por su contraste con el espíritu de la gratitud.
