Cuando en una competencia política queremos saber quién va a la cabeza, tenemos que acudir a una encuestadora enteramente fiable: el cartismo. Si sus fiscales abren investigación contra alguien, este alguien es el que está en la punta. Esa encuesta, gracias a sus métodos, ahora nos confirma que Arnoldo Wiens tiene la preferencia mayoritaria para las próximas generales.
El 20 de febrero de 1931 la ciudad de Encarnación fue tomada por un grupo de revolucionarios. La insólita acción duró 16 horas. La historia está relatada por el periodista argentino Fernando Quesada (1910-1976), en su libro “1931 – La toma de Encarnación”, editado por Rafael Peroni en 1985. La participación del histórico dirigente gremial Ciriaco Duarte le da a este libro una particular intensidad.
Febrero nos evoca los días 2 y 3 de 1989, cuando el Paraguay cambió el rumbo de su historia. Amaneció libre de una dictadura perversa y corrupta que se extendió por todo el país durante 35 años, día y noche. En coincidencia con este aniversario se escuchan voces que reivindican los tiempos de horror; quieren confundir, o hacer dudar, a quienes no vivieron esa época. De todos modos –y sin olvidar ni un instante el pasado– nuestros afanes deben fortalecer la democracia, tan trabajosamente obtenida y tan trabajosamente sostenida.
José Duarte Penayo, titular de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) se refirió en estos días al gobierno de Stroessner en unos términos alejados de la verdad y pegados a serios errores. Refiriéndose a las revoluciones, dijo que Stroessner…
El pasado martes nos recordó que el 13 de enero, de 1947, estalló el desencuentro político que venía de lejos y abriría el camino para una de las mayores tragedias que padeció el país. Ese día, también, fue el fin de la “primavera democrática” que duró seis meses escasos, pero intensos y esperanzadores. El pueblo recuperó el derecho a expresar su preferencia partidaria sin temor a represalias.
El domingo pasado falleció el profesor Lino Trinidad Sanabria. Su nombre va unido para siempre a nuestro idioma nativo al que estudió, difundió, robusteció amó e hizo amar con enorme dedicación. Lo conocí personalmente en los años ’70 en el fragor de la lucha tenaz entre “científicos” y “tradicionalistas” que pronto derivó en “subversivos” y “stronistas”.
