Un privilegiado es alguien con una ventaja exclusiva o especial, de la que goza por la concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. La ecuación perfecta para cualquier privilegiado es tener la posibilidad de autoconcederse esa ventaja exclusiva o especial para, dependiendo de sí mismo, mantener la situación de privilegio durante el tiempo que quiera. Es lo que los diputados volvieron a hacer el jueves pasado, manteniendo su sistema de privilegios, mientras pedían renunciamientos y concesiones a varios sectores de funcionarios.
Quizás por aquello de que los ciclos se abren y cierran, y tal vez por la necesidad tan humana, salvo algún pesimismo existencialista, de aferrarnos a algo en qué creer, cada fin de año nos sorprende con un renovado optimismo sobre las cosas que podrían darse en el nuevo ciclo que comienza en algunos días más.
Si la semana pasada la incertidumbre en el transporte público surgió por la amenaza de paro de concesionarios de Asunción exigiendo un aumento en el precio del pasaje, en ésta que termina la incertidumbre llega a través de una amenaza de huelga de choferes contra la ley sancionada en el Congreso por iniciativa del Ejecutivo.
