“Hoy hay un solo presidente en Venezuela y se llama Nicolás Maduro”. Así expresó el entonces presidente electo de Paraguay, Santiago Peña, a inicios de mayo de 2023, a pocos días de triunfar en las elecciones generales de abril de ese año. Esta posición dejó al desnudo lo que haría luego de asumir la Presidencia en agosto de 2023.
El 1 de julio último, el presidente Santiago Peña expuso su segundo informe de gestión ante el Congreso Nacional. Su discurso lo inició con un tono soberbio y por supuesto atacó a la prensa crítica tal como lo hacía la dictadura del general Alfredo Stroessner, que clausuró medios de comunicación que molestaban.
En los últimos días observamos una situación con ribetes de escándalo que pinta de cuerpo entero al cartismo, la ultraderecha paraguaya. En este caso, un hecho que repercutió en el extranjero. La bravuconada de los senadores de Honor Colorado con el embajador de Francia, Pierre-Christian Soccoja, no tiene nombre.
La noche del Domingo de Ramos, la triste noticia que no queríamos leer, llegó de Lima. Álvaro Vargas Llosa anunciaba el fallecimiento de su padre, el Nobel de Literatura, el último exponente del Boom, el maestro de las letras, el peruano universal, Mario Vargas Llosa, el sastrecillo valiente.

Los gobiernos de Bahamas y Paraguay acordaron la exoneración del requisito de visa a nacionales de ambos países, que provistos de un pasaporte con vigencia de seis meses, podrán ingresar y permanecer sin necesidad de documento visado por un periodo de hasta 90 días, por cada viaje. El Ejecutivo argumenta que la medida busca facilitar y estimular el intercambio comercial, cultural y turístico.
El presidente Santiago Peña cumple mañana ocho meses de gestión gubernativa con un notable desgaste de su imagen y marcado descenso de su credibilidad. Peña vendió al electorado la imagen de un técnico joven, que estudió en el extranjero, munido con ideas modernas para implementar en su gobierno.
El copamiento total de las instituciones republicanas y órganos extrapoder nos permite colegir que Paraguay está al borde de una dictadura. Es verdad que restan que manden presos a opositores, proscriban los partidos políticos, censuren, encarcelen a periodistas y cierren los medios de comunicación. La historia nos recuerda que así lo hizo en la década del 80 el dictador Alfredo Stroessner, fallecido en Brasil en el 2006.
