Acompañamiento pedagógico para el desarrollo profesional docente

El acompañamiento pedagógico entre pares forma parte de las políticas de formación de docentes centradas en la institución educativa, al permitir que colegas pares experimentados y en actividad, sean quienes orientan a otros docentes y colaboren con estos de manera horizontal, en las diferentes decisiones profesionales y elección de los cursos de acción que deben tomar en sus aulas, con sus estudiantes.

Acompañamiento pedagógico para el desarrollo profesional docente
Acompañamiento pedagógico para el desarrollo profesional docenteArchivo, ABC Color

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Las modalidades de acompañamiento pedagógico, situadas en las escuelas, promueven la reflexión sobre las prácticas, la incorporación de las innovaciones en las propuestas didácticas y su evaluación y seguimiento. Se trata de promover ciclos continuos de innovación pedagógica, sustentados en el trabajo autónomo de los docentes para mejorar de manera permanente las experiencias en el aula.

Formarse para ejercer la docencia en los contextos actuales implica asumir el compromiso del derecho a la educación de todos los niños, niñas, jóvenes y adultos para colaborar con la construcción de una sociedad más justa, inclusiva e igualitaria.

Enseñar hoy requiere comprometerse a encontrar las estrategias educativas más adecuadas para que los estudiantes logren aprendizajes relevantes, que los ubiquen como ciudadanos activos y democráticos.

Enseñar es asumir una corresponsabilidad en el cumplimiento del derecho a la educación

Ser docente, entonces, es asumir la responsabilidad social y política de educar a otros, de trasmitir la cultura, de enseñar, de acompañar los aprendizajes y las trayectorias educativas de los niños, jóvenes y adultos que transitan el sistema.

Mejorar nuestras prácticas docentes debe ser un horizonte permanente para quienes nos dedicamos a enseñar. Por ello, el desarrollo profesional constituye una herramienta para adquirir nuevos recursos, diversificar las fuentes donde validar saberes, intercambiar experiencias, estrategias y materiales educativos, conocer nuevos planteos teóricos que enriquezcan nuestros campos disciplinares.

Los educadores del siglo XXI deben, al igual que los profesionales de cualquier otro campo destinado al trabajo con personas, renovarse permanentemente en consonancia con las exigencias del contexto social, cultural, institucional, comunitario y sus múltiples demandas.

Por supuesto, esta actualización no significa que el docente debe dar respuesta directa y simultánea a todos los matices del contexto, ni a sus problemáticas. Pero sí debe conocerlas para entender los procesos que las originan, identificar cómo atraviesan la vida cotidiana en las escuelas condicionando sus prácticas y poder actuar en consecuencia, construyendo las herramientas más adecuadas para el logro de los objetivos educativos.

La formación continua adquiere un verdadero sentido pedagógico cuando responde al deseo de mejorar las prácticas, a la necesidad de desarrollar un conocimiento situado de la realidad socioeducativa de las instituciones. Solo así, cada docente podrá enriquecer sus herramientas para realizar intervenciones pedagógicas pertinentes e innovadoras que convoquen a los sujetos a aprender.

Fuente: - PONCE CEBALLOS, S., GARCÍA - CABRERO, B., ISLAS CERVANTES, D., MARTÍNEZ SOTO, Y. (2018) De la tutoría a la mentoría. Reflexiones en torno a la diversidad del trabajo docente.

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