Sanae Takaichi, de 64 años, se convirtió en octubre en la primera mujer en gobernar el archipiélago asiático y obtuvo una mayoría de dos tercios para su partido en los comicios anticipados que convocó para el 8 de febrero pasado.
La gobernante ha manifestado su intención de reforzar el ejército japonés, lo que probablemente tensará aún más las relaciones con China, y se encuentra bajo presión para impulsar la débil economía.
En noviembre sugirió que Japón podría intervenir militarmente si Pekín intentaba atacar a Taiwán. Eso enfureció a China, que considera a esa isla de gobierno democrático como parte de su territorio y no descarta tomarla por la fuerza, si fuera necesario.
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El gobierno de Takaichi también prevé impulsar una ley para crear una Agencia Nacional de Inteligencia y comenzar discusiones para una ley antiespionaje, según medios locales.
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Asimismo, la primera ministra prometió reforzar las leyes migratorias, pese a que la segunda mayor economía de Asia lucha con la falta de mano de obra y el declive poblacional.
En un discurso de políticas previsto para el viernes próximo, Takaichi insistirá en su promesa de campaña de suspender por dos años el impuesto al consumo para alimentos para aliviar la presión inflacionaria sobre los hogares, indicaron los medios.
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Esta promesa generó temores en los mercados por la enorme deuda japonesa, y llevó al Fondo Monetario Internacional (FMI) a advertir que provocaría que los pagos de intereses sobre esa deuda se dupliquen entre 2025 y 2031.
Para aliviar esos temores, Takaichi insistirá en su mantra de tener una política fiscal “responsable, proactiva”, y fijar una meta de reducción de la deuda pública, según los medios.
