“Un trágico evento, prosiguió el Pontífice, que suscita aún horror y repulsión y constituye una advertencia perenne a la humanidad para que repudie para siempre la guerra y toda arma de destrucción de masa”.
Jorge Bergoglio se refirió así a las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. “De cada tierra se levante una única voz: no a la guerra y a la violencia, y sí al diálogo y a la paz”, subrayó. “Hace 70 años, el 6 y el 9 de agosto de 1945, tuvieron lugar los tremendos bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki”, recordó Francisco, tras la recitar el Angelus dominical.
“A distancia de tanto tiempo, este trágico evento suscita todavía horror y repulsión. Este se ha convertido en el símbolo del desmedido poder destructivo del hombre cuando hace un uso distorsionado de los progresos de la ciencia y de la técnica, y constituye una perenne advertencia a la humanidad, para que repudie para siempre la guerra y prohíba las armas nucleares y toda arma de destrucción de masa”, enfatizó.
“Este triste aniversario, dijo luego el Papa aplaudido por la multitud, nos llama sobre todo a orar y a empeñarnos por la paz, para difundir en el mundo una ética de fraternidad y un clima de serena convivencia entre los pueblos. De toda tierra se levante una única voz: no a la guerra y a la violencia y sí al dialogo y a la paz”, reiteró el Pontífice con voz acongojada, y de nuevo aplaudido por los peregrinos reunidos en plaza San Pedro.
“Con la guerra siempre se pierde, concluyó, él único modo de ganar una guerra es no hacerla”, concluyó Francisco.
