17 de abril de 2026

Si tu perro tiembla con cada trueno o tu gata no vuelve a usar el arenero, quizá no sea “maña” ni falta de educación. La etología clínica ayuda a distinguir miedo, estrés y dolor, y a decidir cuándo un fármaco es una muleta terapéutica, y no un atajo.

No todos los gatos buscan mimos. Algunos esquivan visitas, se esconden o toleran el contacto solo a ratos. Entender por qué ocurre y cómo adaptar la casa —sin presionar— puede mejorar la convivencia y reducir el estrés.


La ashwagandha se volvió popular para “bajar el estrés”, y muchos cuidadores se preguntan si también sirve para sus perros. La respuesta no es un sí rotundo: puede tener lugar en algunos casos, pero con límites claros y supervisión veterinaria.

La “baba” de los perros no solo deja marcas visibles: al secarse puede formar una película pegajosa que atrapa polvo, oscurece la zona y, si no se retira bien, reaparece como aureola. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, se elimina con productos domésticos y sin dañar superficies, siempre que se actúe con método.