Un cambio de hogar puede ser tan estresante para los animales como para las personas. Ruidos, olores desconocidos, objetos que desaparecen y rutinas alteradas forman un cóctel que puede disparar la ansiedad en perros, gatos y otras especies de compañía.
Con planificación, habituación progresiva y medidas de seguridad, la mudanza puede convertirse en una experiencia mucho más llevadera para todos.
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Preparación: el éxito empieza antes de empacar

- Visita veterinaria y documentación al día. Actualizá vacunas, desparasitación y microchip. Comprobá que la chapa de identificación y el registro del chip tienen su nuevo teléfono y dirección. Si viajarás en avión o a otro país, verificá con antelación los requisitos de salud y certificados.
- Acondicioná el transportín. Convertilo en un lugar positivo semanas antes: dejalo abierto en casa con mantas, juguetes y premios dentro. Hacé sesiones cortas de habituación para que tu mascota lo asocie con seguridad, no con encierro.
- Mantener rutinas. Intentá conservar horarios de comida, paseos y descanso. La previsibilidad reduce el estrés.
- Embalar con criterio. Empezá por habitaciones menos usadas y reservá los objetos del animal (cama, arenero, rascador, comedero, juguetes) para el final. Conservá algunas mantas sin lavar: su olor familiar será un ancla en el nuevo hogar.
- Plan para el día de la mudanza. Organizá un “cuarto seguro” en la vivienda actual y, si es posible, en la nueva: una habitación con la puerta cerrada, con su cama, agua, comida y caja de arena en el caso de los gatos. Señalizá la puerta para que nadie la abra por error.
El día del traslado: seguridad primero
- No lo sueltes. Nunca transportes a perros o gatos sueltos en el coche ni en el compartimento de carga del camión. Usá transportín homologado, arnés con anclaje al cinturón o barrera de separación, según la especie y tamaño. Evitá el calor extremo y los golpes de calor: ventilá el vehículo y hacé pausas con agua disponible.
- Minimizá estímulos. Durante la carga y descarga, mantené a su mascota en su “cuarto seguro” o en el coche con supervisión. Poné música suave para amortiguar ruidos.
- Kit esencial a mano. Llevá contigo medicación, historial veterinario, bolsas higiénicas, toallitas, premios, agua, comedero plegable, arenero portátil y arena, correas de repuesto y una foto reciente por si se extravía.
- Transporte especial. Peces, aves, pequeños mamíferos y reptiles requieren contenedores estables, temperatura controlada y tiempos de traslado reducidos. Planificá trayectos directos y evitá movimientos bruscos; consultá con el veterinario sobre tiempos de ayuno y condiciones de viaje adecuadas para cada especie.
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La llegada: cómo presentar el nuevo hogar

- Primero, un refugio. Instalá el “cuarto seguro” antes de abrir cajas. Para gatos, colocá arenero lejos de comida y agua; para perros, habilitá una zona con su cama y juguetes. Permití que exploren esa habitación antes de ampliar gradualmente el acceso al resto de la casa.
- Olor familiar como aliado. Disponé mantas y objetos usados. Para gatos y perros, difusores de feromonas sintéticas pueden ayudar a reducir la ansiedad durante las primeras semanas.
- Supervisión y control de riesgos. Revisá ventanas, balcones y mosquiteras; instalá redes si es necesario. Identificá plantas tóxicas, cables sueltos, productos de limpieza y espacios donde podrían quedar atrapados. Comprobá que vallas y puertas cierran correctamente.
- Rutas y paseos con calma. En perros, retomá paseos por zonas tranquilas, con correa y sin prisas, para que construyan un mapa seguro del barrio. En gatos con acceso al exterior, esperá al menos dos a cuatro semanas antes de permitir salidas y hacelo de forma progresiva, con identificación visible y microchip actualizado.
- Rascadores y enriquecimiento. En gatos, colocá rascadores verticales y horizontales en zonas de tránsito y cerca de lugares de descanso. En perros, ofrecé juguetes interactivos, alfombras olfativas y masticables apropiados para canalizar energía.
Señales de estrés: qué observar y cómo actuar
Cambios en apetito, vocalizaciones excesivas, marcaje urinario, lamido compulsivo, aislamiento, hiperactividad nocturna o conductas destructivas son signos de tensión.

Respondé con paciencia: mantené rutinas, aumentá el juego y el ejercicio, y evitá castigos. Si los síntomas persisten más de dos o tres semanas, o si aparecen conductas agresivas o de pánico, consultá con tu veterinario o con un profesional en comportamiento animal.
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Consejos extra según la especie
- Gatos: introducí gradualmente nuevos olores frotando una toalla por las mejillas del gato y luego por esquinas y muebles. Colocá varios puntos de agua y areneros (una caja por gato más una adicional).
- Perros: practicá “estancias” y “quieto” antes de la mudanza; estos ejercicios ayudan a gestionar la excitación el día del traslado. Incrementar los paseos olfativos favorece la adaptación.
- Pequeños mamíferos (conejos, cobayas, hámsteres): transportá en su propio hábitat si es seguro; si no, en una caja ventilada con su sustrato. Evitá cambios bruscos de dieta y corrientes de aire.
- Aves: cubrí parcialmente la jaula para reducir estímulos visuales durante el trayecto y asegurá los comederos. Una vez en casa, mantené la jaula en un lugar luminoso, sin corrientes y lejos de la cocina.
- Peces: usá bolsas dobles con agua del acuario y oxígeno, dentro de una nevera de corcho para estabilidad térmica. Reinstalá el acuario rápidamente y controlá parámetros antes de reintroducir a los animales.
Un cambio de casa, una oportunidad
La mudanza, bien gestionada, puede reforzar el vínculo humano‑animal: rutinas más claras, espacios pensados para su bienestar y nuevas experiencias positivas.
Con previsión, empatía y medidas de seguridad, el traslado se convierte en un tránsito sereno hacia un hogar donde todos, también ellos, puedan sentirse en casa.
