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Las actuales autoridades, colorados, se dedican, como sus antecesoras, a robar todo lo que puedan mientras están en el poder. Desde Itaipú, desde el MEC, las municipalidades y desde la mayoría de las instituciones.
La táctica es conocida: hacer obras públicas, o grandes compras dirigidas a paliar la necesidad de sectores sensibles, como el de la educación, la salud o la infraestructura, etc., pero sobrefacturarlas escandalosamente con licitaciones direccionadas a los “amigos” para beneficiarse con una gran coima.
Cuando la prensa descubre algún caso y lo publica con pruebas y documentos, como el actual de los pupitres chinos comprados por Itaipú para el MEC, las autoridades responsables no salen a responder ni aclarar nada –como es su obligación– y los organismos de control del Estado, el Ministerio Público, por ejemplo, se desentienden del tema o se ocupan de manera deficiente para que las autoridades en cuestión puedan zafar después de las consecuencias de su conducta delictiva.
El caso de los muebles escolares chinos es emblemático, en el sentido de que muestra claramente el modus operandi de los administradores en este gobierno, que en nada es distinto a lo que se hacía en los anteriores, desde la época de la dictadura, que fue la “escuela”.
Ese caso y otros dejan en claro que Santiago Peña no cumplirá las promesas que hizo en la campaña electoral y no hará ninguna reforma radical que transforme la educación o la salud.
Hambre Cero, su programa estrella, viene a solucionar la cuestión específica de dar alimentación a los niños en las escuelas, pero eso ni por casualidad vendrá a solucionar el problema de la educación en el Paraguay. Evidentemente, será un programa con el cual el Gobierno hará propaganda en época electoral. De hecho, ya está siendo utilizado ahora mismo para eso.
Lo que seguro no hará este Gobierno es luchar contra la corrupción, que está profundamente enquistada en las instituciones del Estado. Y no lo hará porque implicaría ir en contra de varios de sus mismos integrantes. Además, a esta altura, es evidente que nadie es inocente sino , como mínimo, cómplice de los delitos que se vienen perpetrando.
En este panorama, sorprende que a varias de las autoridades políticas del oficialismo les moleste que se les pregunte y se les señalen los hechos más notorios de la conducta sectaria, abusiva, arbitraria o delictiva que ejercen.
Se enojan y critican a la prensa “ensobrada”, como dijo el presidente del Senado, Basilio Núñez, con un discurso que es un remedo patético del esperpéntico presidente argentino Javier Milei. Otros diputados y senadores cartistas también atacan con furia a la prensa.
Quizás esas reacciones se dan porque saben que la fiesta no será eterna. Justamente, esta semana de manifestaciones comienza a mostrar el hartazgo ciudadano. El clima puede empeorar con el correr de las semanas porque la gran mayoría de la ciudadanía es cada vez más consciente de lo que hacen y a nadie le gusta que lo traten de tonto o tonta todo el tiempo y que, además, quienes los tratan así, pretendan que se les agradezca.