La IA y el consumo del agua

Mucho se habla del uso de la Inteligencia Artificial (IA) asociada a la optimización del tiempo en diversos campos profesionales. Sin embargo, poco se ha explorado sobre el alto precio que paga el planeta por el uso de la IA. A modo de contexto, se sabe que generar una respuesta de 100 palabras en ChatGPT consume un poco más de una botella de 500 cc de agua.

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Un artículo publicado en el diario norteamericano Washington Post, que refiere estudios sobre el uso de IA, cuenta que cuando se envía una pregunta a ChatGPT, esta es procesada por servidores en centros de datos que realizan miles de cálculos, generando calor.

Para mantener una temperatura operativa adecuada -agrega el artículo firmado por Pranshu Verma y Selly Tan- estos servidores requieren sistemas de enfriamiento que utilizan agua en un proceso es comparable a cómo el cuerpo humano utiliza el sudor para refrescarse. La cantidad exacta de agua utilizada por cada consulta varía según la ubicación y los métodos de enfriamiento del centro de datos.

El agua y su concepto de “líquido vital” ha sido utilizado hace unos años por una embotelladora para promover su consumo ya que nos “ayuda a pensar” mejor porque mantiene bien hidratadas las neuronas. Dicho concepto se extrapola cuando hablamos de los resultados que las redes neuronales nos arrojan en una respuesta o una tarea generada por IA.

Lo de la IA y su exponencial consumo de agua ha generado preocupación entre los especialistas ambientales y ha puesto el foco en cómo lo que en apariencia es intangible para los usuarios de la tecnología, a mediano o largo plazo podría tener consecuencias devastadoras.

Corporaciones como Microsoft o Google han echado mano a proyectos para mitigar el impacto ambiental y optimizar su operativa... y ganancias. Así surgió el Proyecto Natick, un centro de datos submarino desplegado en 2018 en Escocia que ha operado por un período significativo con “alta eficiencia y fiabilidad”. El centro de datos de Microsoft fue sumergido en el océano, optimizando la refrigeración, reduciendo el consumo de agua y energía, y minimizando la huella hídrica.

Ante el avance en la adopción de la IA, es esencial priorizar la sostenibilidad y es una ola que crece con los días. En Paraguay, somos muy chiquitos en materia de desarrollo tecnológico y la baja inversión en I+D es prueba de ello. Pero la huella de agua generada por esta tecnología imparable es un llamado a la acción para garantizar un futuro tecnológico responsable. Como vamos detrás de la ola, los desafíos de esta tecnología representan una oportunidad para preocuparnos y ocuparnos.

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