Vuela alto, Pingüi

En Paraguay pasan cosas que, si no fueran reales, parecerían sacadas de una película. Uno de esos casos es el de Emerson Giovanni Ruíz Acosta, más conocido como “Pingüi”, quien murió durante un asalto en Fernando de la Mora. Este tenía tan solo 20 años, un apodo muy conocido en las comisarías y un antecedente que asombraba con tan corta edad.

Sin embargo, su despedida fue casi épica, con una caravana conformada con una gran bandera, casi un centenar de gente, varios yéndose a pie y otros en decenas de motos; también en las redes sociales pululaban mensajes y frases como “Vuela alto, Pingüi”, como si se tratara de un héroe caído en cumplimiento del deber. Cabe resaltar además que otros comentarios eran criticando la situación y preguntándose cómo un hombre así podría estar libre.

Ahí empieza el problema. “Pingüi” no murió salvando a nadie, sino robando. Aun así, fue despedido como un héroe, mientras que la víctima real, un hombre trabajador de 70 años, murió defendiendo su propiedad y quedó casi en segundo plano. Otra vez, el delincuente se robó la escena en los medios de comunicación y las redes sociales.

Pingüi tenía seis órdenes de captura por homicidio doloso, robo agravado, tentativa de homicidio, entre ellos el disparo contra una niña de seis años; también era sindicado de asaltos a conductores de plataforma Bolt, y una lista larga que no entra en este comentario. A pesar de todo eso, estaba libre para asaltar a su antojo y disparar a quien sea. Este criminal seguía libre, hasta que un tiroteo puso punto final a su historial.

¿Quién falló? Falló la Justicia, el Ministerio Público y un sistema que encierra a miles de personas sin condena, pero que a criminales con frondosos antecedentes les da prisión domiciliaria, medidas alternativas y terceras, cuartas y sextas oportunidades.

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En enero del año pasado, Pingüi baleó a una niña. Posteriormente, un comisario grabó su recaptura porque estaba violando su prisión domiciliaria y paseándose tranquilo por el Bañado Sur. ¿Qué más hacía falta para que Pingüi ya deje de instalar terror?

Decir que Pingüi “vuela alto” es un error y una gran mentira. No vuela alto él, ni vuela alto nuestra propia justicia. Lo que vuela, cada vez más alto, es la impunidad selectiva y la corrupción. Todo esto sucede mientras que el propio comandante de la Policía Nacional minimiza la inseguridad en el país, sostiene que es un fenómeno “cíclico” y tiene el atrevimiento de decir que Paraguay es uno de los más seguros de la región. Mientras sigamos romantizando al delincuente y normalizando que el sistema falle para el mismo lado, la pregunta va a seguir siendo la misma: ¿hasta cuándo vamos a seguir así?

jose.peralta@abc.com.py