San Pedro no está mejor

El famoso eslogan oficial de que “vamos a estar mejor” sí parece haberse cumplido... al menos para algunos. Porque desde el departamento de San Pedro lo que se percibe no es precisamente bienestar general, sino más bien que los únicos que claramente están mejor son las autoridades políticas, mientras el pueblo sigue cada vez peor. Tal vez hubo un pequeño malentendido: nunca dijeron quiénes iban a estar mejor.

Un Gobierno debe garantizar condiciones básicas para que la gente trabaje y viva dignamente. Y eso, en términos simples, pasa por tres ejes fundamentales: salud, caminos y educación. No parece una fórmula complicada, pero en San Pedro esos tres pilares hoy hacen agua.

En salud, enfermarse se vuelve casi un acto de valentía. Faltan especialistas, insumos y equipamientos. Muchas veces se gasta más en combustible para trasladar pacientes que en fortalecer los servicios locales. En zonas rurales, los casos complejos quedan librados a la suerte y los fines de semana, en la práctica, pareciera que está prohibido enfermarse.

En materia vial, el panorama tampoco ayuda. Caminos rurales intransitables, rutas pavimentadas destruidas y una crisis vial que ya no admite maquillaje. Circular por algunas vías es casi un viacrucis, con vehículos dañados, accidentes y vidas en riesgo. La presencia del MOPC en el norte se percibe escasa, por no decir simbólica.

La educación, que debería ser motor de desarrollo, sigue aplazada. Instituciones rurales sin internet, sin bibliotecas, en algunos casos sin mobiliario adecuado y en otros incluso sin aulas dignas. Así, hablar de progreso suena más a discurso que a realidad.

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El pueblo quiere trabajar, producir y salir adelante. No pide milagros: solo salud accesible, caminos transitables y educación digna. El resto —como siempre— lo pone la gente con esfuerzo diario. Pero ni siquiera esas bases parecen estar garantizadas.

Y otra vez se acerca un periodo electoral. Momento ideal para promesas renovadas, inauguraciones exprés y discursos optimistas. Surge entonces la pregunta incómoda: ¿la culpa es de la clase política cuestionada por corrupción y clientelismo, o de un electorado que vuelve a apostar por los mismos? Tal vez ambas cosas. O quizás simplemente nos acostumbramos a sobrevivir en crisis permanente.

Dicen que la culpa no es solo del chancho, sino de quien le da de comer. Mientras no se rompa ese círculo, será difícil que San Pedro —y el país— realmente estén mejor. Eso sí, algunos ya lo están. Y bastante.

omar.acosta@abc.com.py