7 de enero de 2026

La idea de que el deseo sexual “se apaga” después de los 40 sigue muy presente en el imaginario colectivo. Sin embargo, médicos, sexólogos y psicólogos coinciden: la vida sexual no solo no termina, sino que puede volverse más plena y consciente. ¿Cómo?

Mientras los árboles se llenan de luces y las listas de regalos se acumulan, hay un tema que rara vez entra en la conversación navideña: el deseo sexual. Las Fiestas suelen venir cargadas de mandatos familiares, balances de fin de año y cierto cansancio colectivo. Pero también pueden ser una oportunidad para revisar cómo se vive la intimidad en pareja y qué hábitos vale la pena sumar —o dejar atrás— antes de brindar.

En las últimas décadas, la neurociencia ha entrado en casi todos los rincones de la vida cotidiana: desde cómo trabajamos hasta cómo dormimos. Ahora, una línea de investigación cada vez más citada apunta a un ámbito delicado: el consumo de contenidos sexuales.

Durante generaciones, la masturbación ha sido objeto de advertencias alarmistas: que provoca infertilidad, “debilita”, causa acné, ceguera o incluso trastornos mentales. Pese a que la evidencia científica moderna desmiente la mayoría de estos miedos, muchos siguen influyendo en la forma en que se vive —o se reprime— el placer sexual, especialmente entre adolescentes.

En las películas navideñas, el clímax suele llegar bajo una rama de muérdago: dos personas, una música suave de fondo y un beso destinado a cambiarlo todo. En la vida real, las fiestas de fin de año se parecen menos a una comedia romántica y más a un cóctel intenso de alcohol, presión social, deseos, expectativas… y, cada vez más, conversaciones necesarias sobre consentimiento y límites.