17 de febrero de 2026

En 1948, Sexual Behavior in the Human Male rompió el silencio sobre el deseo y convirtió la sexualidad en un tema de datos, no de sermones. La escala Kinsey cambió la cultura —y aún hoy provoca una pregunta incómoda: ¿sirve o simplifica demasiado?

En una fecha marcada por las cenas a media luz y la presión de “hacer algo especial”, la sexualidad suele reducirse a una meta: el coito. Sin embargo, especialistas en salud sexual recuerdan que el erotismo es mucho más amplio que una práctica concreta.

Cada febrero es lo mismo: el calendario empuja a definir lo indefinido. Para quienes están “saliendo” con alguien pero sin etiqueta, El Día de los Enamorados puede sentirse como una prueba sorpresa: ¿se regala algo? ¿se planea una cena? ¿se evita el tema? En el centro de la escena está un término cada vez más común: situationship.

A pocos días de que llegue el Día de los Enamorados, muchas parejas vuelven a mirar la agenda en busca de reservas, regalos y planes “especiales”. Pero en la vida real —la de los horarios cruzados, el cansancio y las rutinas— la conexión suele sostenerse menos por una noche perfecta que por pequeñas acciones repetidas.

Durante décadas, en vestuarios y concentraciones deportivas circuló como mandamiento: nada de sexo antes de competir. La idea se sostuvo más por tradición y moral que por fisiología. Hoy, la evidencia disponible —y la práctica cotidiana de equipos médicos— muestra un panorama más matizado

Cada 14 de febrero se repiten los mismos códigos: flores, cenas, chocolates. Pero en los últimos años un nuevo protagonista se abre paso en las cestas de regalo: el “kit de San Valentín” erótico, una selección de juguetes y accesorios pensada para estrenar en pareja la noche más comercialmente romántica del año.