11 de febrero de 2026

Estados Unidos cambió drásticamente sus directrices nutricionales al invertir la pirámide alimentaria, priorizando proteínas animales. La reforma, anunciada en enero por Robert F. Kennedy Jr., provoca división entre expertos, quienes alertan sobre sus posibles riesgos para la salud pública.

En cada fin de año hay cenas copiosas, brindis encadenados, sobremesas eternas y, al día siguiente, la infusión “milagrosa” para intentar compensar los excesos. Pero la ciencia lleva tiempo señalando que la verdadera aliada para sobrellevar estas semanas no es una tisana puntual, sino la salud de un actor silencioso: la microbiota intestinal.

Las celebraciones navideñas ofrecen más que tradiciones gustativas; ingredientes como frutos secos, cítricos y especias esconden propiedades funcionales que, al incorporarse a una dieta equilibrada, pueden potenciar la salud cardiovascular y mejorar el bienestar general.

Teniendo en cuenta las características de nuestro clima tropical, la afluencia de personas en los días de la festividad Mariana en Caacupé y el calor acentuado trae como consecuencia mayor contaminación de los alimentos e intoxicaciones.

Por si aún hacía falta mostrarlo, el drama sanitario del país ha quedado bien reflejado en el crudo testimonio del doctor Carlos Morínigo, exministro de Salud Pública y Bienestar Social y exgerente de Salud del IPS, que hoy presta servicios en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (Ineram). La magra alimentación y hasta la falta de ella que sufrirían los pacientes son conmovedoras. Según dijo el citado médico, ellos necesitan proteínas, pero no hay leche y la comida que reciben suele ser lamentable. Comprensiblemente indignado, el médico reclamó que los pacientes sean tratados con respeto y que tengan un sustento digno. También dio a entender que, a veces, el personal hospitalario aporta para la compra de insumos. Como la salud pública es cuestión de todos, su defensa exige la participación ciudadana, mediante la denuncia firme y sostenida de sus precariedades, para que las respectivas autoridades no sigan burlándose de quienes los mantienen con los impuestos que pagan.