10 de enero de 2026

A comienzos del año 2026, el mercado laboral de América Latina y el Caribe (ALC) empieza a mostrar con mayor nitidez las fuerzas que están redefiniendo la contratación y la demanda de talento en la región. Lejos de responder únicamente a una recuperación cíclica tras los shocks económicos recientes, la dinámica del empleo revela un proceso más profundo de transformación estructural. De acuerdo con Bloomberg, la desaceleración de la economía global no frenó la generación de puestos de trabajo, aunque sí modificó de manera significativa los perfiles que buscan las empresas, que ahora priorizan competencias técnicas, especialización y una combinación de capacidades digitales y habilidades humanas menos expuestas a la automatización.


WASHINGTON, Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apunta con su nueva estrategia de seguridad nacional al “predominio estadounidense en América Latina”. Las condiciones, militarización, qué dice su Europa y un dato clave sobre Taiwán.

En un contexto marcado por la volatilidad de los productos primarios y la reconfiguración de las cadenas de suministro como el nearshoring; el mundo mira con cautela la desaceleración de China y los políticas de la Casa Blanca. Por su parte, los cinco mayores exportadores de la región: México, Brasil, Chile, Argentina y Perú, mueven sus fichas para sostener el comercio internacional.

En un continente donde más del 80% de la población vive en zonas urbanas, el impacto del calor extremo no solo se mide en grados, sino en pérdidas económicas, desigualdad y presión sobre los servicios públicos. El aumento de las temperaturas urbanas en América Latina y el Caribe se está consolidando como uno de los desafíos económicos y sociales más apremiantes de la región.

El fortalecimiento de la financiación sanitaria es uno de los pilares del Objetivo de Desarrollo Sostenible 3, especialmente en su meta ODS 3.c, que busca ampliar los recursos para sistemas de salud más sólidos. De acuerdo con datos del Banco Mundial (BM), el gasto sanitario público como proporción del producto interno bruto (PIB) es una medida clave para evaluar la capacidad de un país de avanzar hacia la cobertura sanitaria universal (CSU), entendida como el acceso a servicios de calidad sin enfrentar dificultades económicas. Al observar el comportamiento de esta variable entre 2000 y los últimos datos disponibles, Paraguay muestra avances, aunque todavía se mantiene rezagado frente al promedio regional de América Latina y el Caribe (ALC).