2 de enero de 2026

Tras semanas de cenas, brindis y mesas rebosantes, cada enero se disparan las búsquedas de “detox post fiestas”, jugos verdes, dietas exprés y promesas de “resetear” el cuerpo en pocos días. La idea es seductora: después de los excesos, un periodo corto de sacrificio para “limpiar” lo que diciembre desordenó. Pero, ¿realmente el organismo se intoxica en las fiestas?




La escena es paradisiaca: arena blanca, mar turquesa, sol perfecto y una batería de selfies listas para subir a las redes. Horas después, pega la realidad: piel roja, dolor al mínimo roce, escalofríos y, en ocasiones, mareos o vómitos. ¿Cómo evitar insolarse en la playa?

Al final de cada año se repite el ritual: balances rápidos, listas de propósitos y una sensación de prisa por “empezar mejor” el próximo ciclo. Sin embargo, cada vez más personas están cambiando el cierre automático por algo distinto: una revisión lenta, casi quirúrgica, de lo vivido. No tanto para hacer más el año siguiente, sino para cargar menos.

El cansancio acumulado en diciembre suele atribuirse al exceso de compromisos, pero la deshidratación subclínica juega un rol determinante. Entender cómo el agua optimiza la función cognitiva y física es vital para transitar el cierre de año con bienestar.

En las últimas décadas, la neurociencia ha entrado en casi todos los rincones de la vida cotidiana: desde cómo trabajamos hasta cómo dormimos. Ahora, una línea de investigación cada vez más citada apunta a un ámbito delicado: el consumo de contenidos sexuales.

Las cenas de empresa, las comidas familiares interminables, los brindis que se alargan… La Navidad es sinónimo de reencuentros, pero también de digestiones pesadas. Hinchazón abdominal, acidez, gases y sensación de pesadez son algunas de las quejas más frecuentes en urgencias durante estas fechas. ¿Cómo prevenirlo?