22 de enero de 2026

Una mesa pequeña, una taza de ice coffee, el celular en silencio y ningún compromiso en la agenda. Cada vez más personas reservan un rato del día para ir solas a una cafetería. En redes sociales lo llaman “solo coffee” y lo presentan como un pequeño ritual de bienestar.

No comparten grupo de WhatsApp ni se ven todos los fines de semana. A veces pasa un mes —o varios— sin hablar. Pero cuando algo se rompe, cuando llega una buena noticia o un problema serio, su nombre aparece en la lista corta de personas a las que vale la pena escribirles. Son los llamados “amigos de baja intensidad”: vínculos sin mucha frecuencia, pero con una sorprendente capacidad de permanencia.

Dormir mal se ha vuelto tan común que casi parece normal. Frente a esa realidad, millones de personas han empezado a usar “ruidos de colores” para quedarse dormidas: el típico zumbido constante, el sonido de lluvia lejana o un murmullo grave que recuerda a un motor lejano. No todos suenan igual ni sirven para lo mismo.

Volver de viaje suele tener un momento cruel: el primer correo del trabajo, el despertador temprano, el atasco de siempre. Pero cada vez más estudios sobre bienestar señalan algo importante: la sensación de vacaciones no tiene por qué terminar al aterrizar el avión.

Durante años, las proteínas han sido las “estrellas” de muchas dietas, mientras que los carbohidratos han pasado a ser los grandes sospechosos. Desde planes “low carb” hasta batidos hiperproteicos, el debate parece reducirse a una pregunta simple: ¿qué es mejor? Pero la realidad es algo más compleja.

Entre la arena, el protector solar y el tereré frío, el verano ofrece algo que el año laboral suele negar: tiempo suelto. Ese rato en la reposera puede ser territorio perfecto para lecturas sencillas pero inteligentes y para podcasts que acompañen sin exigir atención total.