12 de febrero de 2026

El ayuno intermitente se ha convertido en una de las estrategias más populares para quienes buscan perder peso, mejorar hábitos alimentarios o simplificar su rutina. Pero no es una “dieta” única: es un paraguas de métodos que alternan periodos de ingesta y de ayuno. La clave, especialmente al empezar, no es elegir el más estricto, sino el más sostenible para tu horario, tu vida social y tu salud.


En oficinas abiertas, bibliotecas y las salas de espera del consultorio médico, los auriculares con cancelación de ruido se han convertido en un uniforme silencioso. Lo que empezó como un accesorio de nicho para viajeros frecuentes es hoy una herramienta cotidiana para trabajar, estudiar o simplemente desconectar del entorno. Pero, ¿nos ayudan a concentrarnos o nos están alejando demasiado de los demás?

Para la mayoría, el chasquido de alguien masticando chicle o el clic repetitivo de un bolígrafo es, como mucho, una molestia pasajera. Para quienes padecen misofonía, en cambio, esos sonidos cotidianos pueden desencadenar una reacción de ira, ansiedad o pánico tan intensa que llegar a la oficina, compartir mesa o sentarse en el cine se convierte en un desafío diario.

La ciencia lleva años repitiéndolo: el intestino no es solo un tubo que digiere. Es un complejo entramado de neuronas, bacterias y hormonas capaz de influir en el estado de ánimo, el sistema inmunitario e incluso en la calidad del sueño. De ahí el apodo de “segundo cerebro”. Y una parte clave de su bienestar se decide a primera hora del día.

Comer ajo tiene beneficios probados para la salud cardiovascular y el sistema inmunitario. Pero su rastro en el aliento puede durar horas e incluso reaparecer al cabo de varias, cuando los compuestos sulfurados pasan al torrente sanguíneo y se exhalan por los pulmones. ¿Qué hacer para evitarlo?