17 de marzo de 2026

Sentir hambre no solo es una señal física: también puede modular el estado de ánimo. Distintas investigaciones han mostrado que, cuando falta comida, las personas pueden volverse más negativas, más irritables e incluso más agresivas. Además, ese impacto emocional puede trasladarse a la forma en que se toman decisiones.



Cuando atravesamos momentos de estrés, ansiedad o tristeza, muchas personas encuentran alivio en lo que se conoce como comfort food: alimentos que reconfortan, calman y evocan emociones positivas, muchas veces ligadas a la infancia, al hogar o a rituales familiares. No es solo hambre: es una búsqueda emocional.

Un estudio con 42.853 personas y hasta 26 años de seguimiento halló que quienes consumen más ultraprocesados tienen mayor riesgo de signos tempranos de párkinson. Publicado en Neurology, advierte que se trata de una asociación, no una causa comprobada.