22 de marzo de 2026

En muchos hogares, el perro o el gato dejó de ser “la mascota” para convertirse en un miembro central de la familia. El cambio trajo avances —más cuidados, más atención veterinaria, más sensibilidad—, pero también una cara menos visible: vínculos tan cerrados que terminan afectando el bienestar del animal.

En los arrecifes del Pacífico occidental vive un pez pequeño y expresivo que asoma desde grietas como si vigilara el mundo: el blenio Ecsenius yaeyamaensis. Su “cara” curiosa lo volvió famoso, pero su valor real está en cómo vive y qué aporta al coral.


Los perros y gatos, aunque compañeros comunes, expresan su afecto de maneras radicalmente diferentes. Esta distinción se basa en sus historias evolutivas y estrategias sociales, con implicaciones clave para entender mejor el vínculo que compartimos con ellos.


La etiqueta de “gruñón” persigue a muchas razas miniatura —y también a mestizos pequeños—, pero los especialistas en conducta canina recuerdan que, más que “mal carácter”, suele haber una combinación de biología, aprendizaje y manejo humano.