18 de marzo de 2026

Mujeres investigadoras y académicas impulsaron un proyecto que se adentró en comunidades indígenas de tres departamentos del norte del país para conocer de cerca la realidad en cuanto al acceso a la salud sexual y reproductiva. ¿Cuáles son los principales problemas detectados? Te lo contamos en esta nota.

«Es su aventura final: camina descalzo, se purifica con color rojo, asiste a los ritos en la oypysy. Completa el camino iniciático que comenzó con su llegada a la comunidad de los ayoreos en 1979. Vuelve a ser aquel joven, pero a la vez ya es otro». En memoria del misionero lombardo José Zanardini Malvestiti (Brescia, Italia, 6 de septiembre de 1942 – Asunción, Paraguay, 19 de enero de 2026).

Nueve meses después de la inauguración de un sanitario moderno en la comunidad indígena Yvyty Miri, las familias siguen sin acceso a agua potable. Las promesas de cavar un pozo artesiano nunca se concretaron, y los pobladores dependen de un arroyo que se seca en época de estiaje o de la solidaridad de vecinos lejanos. A la precariedad hídrica se suma el mal estado de los caminos que conectan Yvyty Miri y Yvyty Corá.


CURUGUATY. Numerosas comunidades indígenas de esta ciudad del departamento de Canindeyú se adhieren al reclamo de la construcción del asfaltado de un camino de tierra de 42 kilómetros que une Curuguaty con la localidad de Maracaná. Además, piden mayor asistencia de parte del Indi, apoyo a los puestos de salud y a las instituciones educativas.
Una vez más, el Estado gasta millones para demostrar que no tiene rumbo. La Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) construye 300 “viviendas” de terciada para comunidades indígenas de Caaguazú, estructuras que no resisten ni una semana de viento y que representan un peligro más que una solución. Cada una de estas casitas cuesta más de G. 3.200.000, y en total se despilfarran casi mil millones de guaraníes en obras que no sirven ni para gallineros.