3 de abril de 2025
«Que las víctimas del pasado se hayan convertido en los verdugos de hoy –escribía en 1968 el novelista italiano Italo Calvino al poeta y narrador jordano Issa al-Nauri– es lo más preocupante».
La demagogia consiste en el empleo de halagos, falsas promesas que son populares, pero difíciles de cumplir. Se trata de convencer al pueblo en el afán de convertirlo en instrumento de la propia ambición política. La persona que manipula los sentimientos de la gente con promesas infundadas y halagos fáciles para convencerla de la viabilidad de un programa o acción política es conocida como demagogo.
Dejando a un lado la feliz coincidencia de que, siendo Paraguay, con un noventa por ciento de católicos en las encuestas, una excepción a la actual caída planetaria de la fe católica, el actual papa sienta un también excepcional afecto precisamente por Paraguay, del «trending topic» del pasado «finde» subrayo: uno, el talento de Bergoglio, su simpatía irresistible, su destreza arrolladora; dos, la unánime falta de lucidez de todos –los jipis y la chetos, los niños y los viejos, los fachos y la zurda, los progre y los conserva–; y tres, la inteligencia, el brillo de este gol vaticano.