10 de marzo de 2026

La IA está transformando los procesos de selección de personal en el mundo, Paraguay no es la excepción. La herramienta se usa en el país para hacer convocatorias, analizar currículum y mejorar la calidad de contrataciones. En un contexto donde las empresas buscan mayor eficiencia, rapidez y mejores decisiones basadas en datos, la tecnología comenzó a ocupar un rol estratégico dentro de las áreas de recursos humanos con pros y contras.

Paraguay empieza a exportar algo más que productos, pasando por marcas propias hasta sistemas de operación. Entre varios ejemplos, Amandau ya abrió su primera franquicia en Brasil, mientras proyecta la apertura de otras cinco. En paralelo, redes paraguayas de servicios, retail y bienestar reportan presencia o pasos concretos en mercados como Bolivia, Centroamérica y Argentina.

Más allá de KPIs, proyecciones y metas de rentabilidad, la estrategia se juega en la cultura: conversaciones, hábitos y formas de liderar que habilitan —o bloquean— los resultados. Humanizar la planificación implica sumar indicadores de confianza, feedback, bienestar y aprendizaje para construir desempeño sostenible y una ventaja competitiva real.

El informe sobre el Estado del Lugar de Trabajo Global 2025 de Gallup revela un desacople crítico entre los colaboradores y las empresas a nivel mundial. Únicamente el 21% de los trabajadores está comprometido a nivel global, mientras el 62% no lo está y el 17% está activamente desconectado. Esta brecha, entre la empresa y el colaborador, le pasa una factura al mundo por US$ 438.000 millones.

Con un tributo único del 1%, la maquila de servicios ya muestra resultados concretos: 24 empresas activas y 3.982 empleos formales al cierre de 2025, con 58% de participación femenina. Pero el verdadero diferencial no está solo en el incentivo fiscal, sino en estructurar bien el proyecto desde el origen y demostrar el aprovechamiento económico real en el exterior.

Con Paraguay convertido en imán de inversiones, la puja por el talento se intensifica y el salario, por sí solo, ya no alcanza. Incentivos basados en desempeño —apoyados en KPIs y plataformas de gestión— emergen como la “yapa” que premia resultados, fortalece compromiso y construye marca empleadora.