4 de febrero de 2026

En muchas clínicas veterinarias, la primera consulta de un cachorro suele incluir una pregunta recurrente: “¿Conviene quitarle los espolones?”. Esos pequeños “quintos dedos”, a veces apenas visibles y otras claramente formados, dividen a criadores, tutores y especialistas. ¿Son realmente inútiles? ¿Un simple residuo evolutivo?

El pato mandarín, con su espectacular coloración y complejas estrategias de cortejo, revela secretos de la evolución y la física que desafían nuestra percepción. Un vistazo a esta maravilla natural redefine lo que entendemos por belleza en el reino animal.

¿Cuán emparentados estamos con las ratas o los canguros? En la década de 1980, David Penny desafió el ámbito científico al revelar cómo la convergencia de árboles evolutivos construidos a partir de datos moleculares proporciona evidencia estadística de la evolución, marcando un hito en la comprensión de nuestro linaje compartido.

En los coloridos arrecifes tropicales, unos inusuales guerreros biológicos llevan a cabo duelos sexuales por la supervivencia. Este fascinante comportamiento revela la complejidad de la reproducción hermafrodita y plantea preguntas profundas sobre la evolución y los conflictos de interés que la moldean.

Comer carroña nos hizo humanos, en una estrategia de subsistencia complementaria a la caza y la recolección que jugó un papel fundamental en los ecosistemas como un comportamiento alimentario más, según recoge un estudio liderado por el español Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).

La evolución, un proceso intrincado y no lineal, revela fascinantes transiciones entre especies. Desde Archaeopteryx, el pájaro-reptil, hasta Tiktaalik, el precursor de los tetrápodos, cada hallazgo redefine nuestro entendimiento de los vínculos entre grupos aparentemente distantes.