9 de enero de 2026

Las vacaciones de verano suelen venderse como sinónimo de descanso perfecto: playas tranquilas, planes sin prisas y felicidad garantizada. Sin embargo, para muchas personas el periodo estival se convierte en una fuente adicional de presión: organizar viajes, cuadrar fechas familiares, ajustar el presupuesto, “aprovechar” cada día libre y, al mismo tiempo, mostrar en redes una vida idílica.

En un mundo saturado de pantallas y notificaciones, el mindfulness digital emerge como una clave para reconectar con nuestro bienestar. Nuevas investigaciones evidencian cómo la autorregulación en el uso de tecnología puede mitigar la ansiedad y promover un estado mental más equilibrado.
Habrá que leer bien el título: dice “en su vida adulta”, no una vez en la vida, a secas; y en el estero, no en un Club Hípico. Y es que no importa si de niño uno paseaba sobre ponys en el Parque Ñu Guazú, o andaba a caballo en el campo del abuelo; si de grande es una experiencia que uno dejó de lado, se empieza de cero.

En la era de la distracción constante, el concepto de mindfulness ha ganado popularidad como una herramienta eficaz para mejorar la calidad de vida. Sin embargo, uno de los aspectos menos explorados de esta práctica es su aplicación en la intimidad, especialmente en la vida sexual.

La salud mental es un aspecto crucial del bienestar general y afecta cómo pensamos, sentimos y actuamos en la vida diaria. Con la creciente presión y el ritmo acelerado del mundo moderno, cuidar de nuestra salud mental es una prioridad que no se debe pasar por alto.

La psicóloga Nair Carolina Martínez Rolón afirma que “Mindfulness”, es una interversión complementaria a la terapia, pero no la reemplaza. “Es un entrenamiento en atención plena, es prestar atención de manera consciente momento a momento con intensión, curiosidad, sin juzgar, con aceptación y amabilidad. Y esto te permite tomar decisiones que mejoren tu salud mental y bienestar”.