12 de febrero de 2026

Cada febrero es lo mismo: el calendario empuja a definir lo indefinido. Para quienes están “saliendo” con alguien pero sin etiqueta, El Día de los Enamorados puede sentirse como una prueba sorpresa: ¿se regala algo? ¿se planea una cena? ¿se evita el tema? En el centro de la escena está un término cada vez más común: situationship.

Las vacaciones revitalizan las relaciones, pero el regreso a la rutina puede generar desilusión. Expertos sugieren estrategias para mantener la conexión, evitando que la intensidad del verano se apague en el día a día.

En los talleres de sexualidad para mayores, una palabra destaca: tantra. Pero lo que muchos imaginan —acrobacias imposibles, cantos esotéricos, exigencias de flexibilidad casi olímpica— poco tiene que ver con lo que hoy se propone a las parejas de larga duración que rondan los 60, 70 o más años.

El fenómeno del “the ick”, una repulsión instantánea hacia la pareja por detalles triviales, gana visibilidad en redes. Expertos advierten que, detrás de esta reacción, puede haber patrones de protección emocional y dificultades para manejar la vulnerabilidad en relaciones modernas.

Para muchas parejas, las vacaciones son algo más que tiempo libre: son una especie de “examen final” de la relación. De repente, hay 24 horas al día de convivencia, decisiones compartidas, dinero en juego, cansancio, mapas, maletas… y muy poco espacio para escaparse de los conflictos.

En el imaginario colectivo, el “orgasmo compartido” —esa culminación simultánea del placer durante el sexo— se presenta como una especie de medalla de oro de la intimidad. Películas, series y literatura erótica lo retratan como la prueba máxima de compatibilidad sexual. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia sobre esta experiencia? ¿Es una meta realista, deseable… o una presión más que pesa sobre las parejas?