12 de febrero de 2026

Elegir el nombre de un perro parece una decisión pequeña, pero suele marcar el inicio de una relación larga: será la palabra que acompañe rutinas, juegos, paseos y aprendizajes. En un contexto en el que la adopción y la convivencia responsable ganan visibilidad, especialistas en comportamiento canino insisten en que el nombre no solo “suena bonito”: también influye en la comunicación cotidiana y en la facilidad de entrenamiento.

Las “garras encarnadas” —uñas que crecen en exceso y terminan clavándose en la piel— son un problema frecuente y, a menudo, subestimado en perros y gatos. Puede empezar como una molestia leve, pero si pasa inadvertido puede derivar en heridas abiertas, dolor intenso y hasta infecciones profundas que comprometen el tejido del dedo.


La idea de sumar otro perro al hogar suele nacer de una preocupación genuina: evitar que el animal “se sienta solo” o darle compañía. Pero la convivencia canina no siempre es la solución —y, en algunos casos, puede convertirse en una fuente de estrés—.


En un mundo donde los perros son tratados como hijos, la creciente “perrhijo‑ficación” plantea dudas sobre el verdadero bienestar animal. Expertos advierten que la confusión entre amor y sobreprotección puede llevar a serios problemas emocionales en nuestros compañeros peludos.