4 de febrero de 2026

En muchas clínicas veterinarias, la primera consulta de un cachorro suele incluir una pregunta recurrente: “¿Conviene quitarle los espolones?”. Esos pequeños “quintos dedos”, a veces apenas visibles y otras claramente formados, dividen a criadores, tutores y especialistas. ¿Son realmente inútiles? ¿Un simple residuo evolutivo?

Durante meses, el cachorro se sentaba a la primera, acudía cuando lo llamaban y paseaba sin tirar de la correa. De repente, alrededor del año de vida, parece otro: ignora órdenes básicas, se distrae con cualquier estímulo y pone a prueba la paciencia de la familia. No suele ser “maldad” ni un fallo en la educación, sino adolescencia canina.

Menos tolerantes al contacto, más peleas entre animales que conviven desde hace años, ladridos a deshoras o maullidos insistentes. ¿Es solo una impresión humana o el calor está cambiando realmente el humor de las mascotas?

Nuestra comunidad se moviliza para encontrar a Bruna, una perrita de pelaje negro azabache y ojos claros que enternece a cualquiera. Es una hembra de tamaño mediano que destaca por sus orejas caídas y un carácter dulce. Al momento de su desaparición, llevaba un collar de color fucsia que resalta sobre su manto oscuro, lo que facilita su identificación a distancia.


Picor intenso, manchas rojas, descamación. Cuando la piel se altera, una de las primeras sospechas suele ser “sarna” o “hongos”. Ambas palabras generan alarma, sobre todo cuando hay animales en casa. Pero ni todo lo que pica es sarna, ni cualquier mancha circular es un hongo, y mucho menos son sinónimo de “suciedad”.