14 de febrero de 2026
Una enfermera del Hospital Regional de Paraguarí dio a luz normalmente y fue dada de alta; a los pocos días tuvo que regresar debido a un sangrado y a fuertes dolores, siendo sometida a una operación quirúrgica que no pudo impedir su deceso. Otro hecho similar ocurriò en el Hospital Materno-Infantil de Loma Pyta, Asunción, donde una madre falleció tras haber sentido fuertes dolores luego de un parto por cesárea. Un hematólogo del Hospital Central del IPS, que sufrió un aneurisma, debió ser operado en un sanatorio privado, pues el equipo de su empleador no estaba operativo. Estos y otros hechos ocurrieron en los últimos días en la capital del país o no muy lejos de ella, por lo que es razonable suponer que la situación sanitaria en el Paraguay profundo sería aún peor. Los indignantes sucesos mencionados son apenas la punta de un enorme iceberg, contra el que cada día se estrellan miles de pacientes.

“Somos menos que un Centro de Salud”, resumió en entrevista con ABC Tv el doctor Ítalo Flecha, presidente de la Asociación de Médicos Residentes e Internos del Hospital de Clínicas. El gremio resolvió pedir informes a la dirección del hospital escuela respecto al siniestro ocurrido el viernes por la mañana, en el ascensor Bloque 2, Grupo 4.

En todo el departamento de Alto Paraguay los servicios en hospitales públicos son sumamente precarios, tanto que ni siquiera cuentan con médicos especialistas. En estas condiciones, es constante la evacuación de pacientes, principalmente a Asunción o Área Metropolitana, a más de 800 km. Muchos perdieron la vida al no soportar la odisea. Es una realidad que se arrastra desde hace décadas y ninguno de los sucesivos gobiernos fueron capaces de solucionar.
El 1 de julio pasado, durante su informe constitucional al Congreso, el presidente de la República, Santiago Peña, pintó un país de maravillas. Se jactaba de la creación de 78.000 nuevos puestos de trabajo y resaltó que estaba empeñado en lograr un país sano y la inversión en obras públicas.
La muerte de Cecilia Arévalo (29), mujer indígena de la parcialidad Ishir, en el Hospital Regional de Fuerte Olimpo, donde acudió para tener a su bebé, pone de manifiesto la tremenda precariedad sanitaria que se tiene en los hospitales de la zona. Peor aún es el hecho de que luces de vehículos de personas particulares tengan que ser usados para iluminar la pista del aeropuerto, y así permitir el aterrizaje de un avión, que debía realizar la evacuación de un paciente.

El parque sanitario dependiente de la Décima Región Sanitaria funciona en depósito alquilado sin las mínimas condiciones para el resguardo de los medicamentos. El local no cuenta con acondicionadores de aire y, según la propia encargada, los insumos podrían ser afectados en su calidad.