11 de enero de 2026

Durante las últimas dos décadas, una palabra de seis letras se ha infiltrado en universidades, laboratorios, startups, gigantes tecnológicos y hasta en oficinas de estadística de gobiernos: Python. Lo utilizan físicos que buscan nuevas partículas, bancos que detectan fraudes, medios que analizan desinformación y estudiantes que escriben sus primeras líneas de código.

Con la rápida evolución de la tecnología y la automatización de procesos, surge una pregunta pertinente: ¿será necesario aprender a programar en 2025? La respuesta no es sencilla, ya que depende de varios factores como el desarrollo de herramientas no-code o low-code, la evolución de la inteligencia artificial y las necesidades del mercado laboral.
Aplicar la filosofía programática en la cotidianidad agiliza procesos y eleva el nivel de precisión. Es lo que hace el mundo hoy, mientras el país padece del cáncer -extirpable cuando hay voluntad política real- de la corrupción, la impunidad y la desidia a las que se suma la ucronía en la que vive la gestión actual del Ministerio de Educación.

Penguin Academy, una academia de formación en tecnología, habilitó una serie de talleres gratuitos para este mes de diciembre. El mismo va dirigido a quienes “tengan ganas de sumar nuevas habilidades y resolver problemas aplicando lo aprendido”, según la academia.
