1 de febrero de 2026

En canciones, películas y redes sociales se repite una idea: quien perdona “pasa página” y deja atrás el daño, casi como si nada hubiera ocurrido. Pero, en la vida real, la memoria no obedece a consignas motivacionales. ¿Es posible perdonar sin olvidar? Y, sobre todo, ¿es sano intentarlo?

En una cultura que premia a quien habla más alto y más rápido, los introvertidos suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, cuando se trata de amistad profunda y confianza, son ellos quienes con frecuencia ocupan el lugar central. Su aparente discreción es, en realidad, un terreno fértil para la intimidad emocional.

En consultas de salud mental aparece con frecuencia una herida que no cicatriza y una convicción persistente: “Solo podré pasar página cuando me pida perdón”. Esa espera, comprensible y profundamente humana, suele transformarse en una trampa silenciosa, y la vida queda suspendida a la espera de una disculpa que tal vez nunca llegue.

Una mesa pequeña, una taza de ice coffee, el celular en silencio y ningún compromiso en la agenda. Cada vez más personas reservan un rato del día para ir solas a una cafetería. En redes sociales lo llaman “solo coffee” y lo presentan como un pequeño ritual de bienestar.

Volver de viaje suele tener un momento cruel: el primer correo del trabajo, el despertador temprano, el atasco de siempre. Pero cada vez más estudios sobre bienestar señalan algo importante: la sensación de vacaciones no tiene por qué terminar al aterrizar el avión.

El fenómeno del “the ick”, una repulsión instantánea hacia la pareja por detalles triviales, gana visibilidad en redes. Expertos advierten que, detrás de esta reacción, puede haber patrones de protección emocional y dificultades para manejar la vulnerabilidad en relaciones modernas.