5 de febrero de 2026

Para la mayoría, el chasquido de alguien masticando chicle o el clic repetitivo de un bolígrafo es, como mucho, una molestia pasajera. Para quienes padecen misofonía, en cambio, esos sonidos cotidianos pueden desencadenar una reacción de ira, ansiedad o pánico tan intensa que llegar a la oficina, compartir mesa o sentarse en el cine se convierte en un desafío diario.

El auge de las oficinas abiertas ha desencadenado un desafío insoslayable: el ruido. Este fenómeno, vinculado a la fatiga y el estrés laboral, ha llevado a las empresas a repensar el diseño acústico como un eje central en la productividad y bienestar.


El ruido urbano es una forma de contaminación invisible que impacta en el sueño, la audición y el bienestar general. Estudios en los Estados Unidos revelan que millones de personas viven expuestas a niveles sonoros dañinos cada día.

La senadora alineada al cartismo Noelia Cabrera, expulsada del PLRA en la convención liberal de marzo último, presentó un proyecto de ley para prohibir los ruidos fuertes y molestos, tarea que estará a cargo de los municipios y la Policía Nacional, según su proyecto.

Ponerse el pijama, meterse en la cama, apagar la luz... y sumirse en el sueño más profundo. Lamentablemente, dormirse no es tan fácil para muchas personas. Cuando hay ruidos que molestan puede ser muy difícil conciliar el sueño. ¿Por qué pasa esto? ¿Y qué hacer cuando hay una fiesta callejera bajo la ventana del dormitorio o la pareja ronca?