3 de febrero de 2026

¿Hace falta definirse para entender el deseo? En tiempos de identidades cada vez más nombradas, la heteroflexibilidad y la curiosidad sexual abren una conversación incómoda: la de quienes experimentan atracciones fuera del guion sin querer convertirlas en una identidad fija.


Más allá de los tópicos sobre celos y sexo, las parejas de hombres gay llegan a consulta con cargas específicas: homofobia interiorizada, ausencia de modelos y una negociación constante de lo que significa ser “hombre” en una relación.

Durante años, el dispositivo intrauterino (DIU) ha cargado con una fama ambivalente: muy eficaz, pero doloroso; cómodo, pero “enemigo” del placer. Entre mitos sobre sangrado, hilos que pinchan y hormonas demonizadas, su imagen se sitúa en el cruce entre ciencia, ideología y vida sexual cotidiana.

En los talleres de sexualidad para mayores, una palabra destaca: tantra. Pero lo que muchos imaginan —acrobacias imposibles, cantos esotéricos, exigencias de flexibilidad casi olímpica— poco tiene que ver con lo que hoy se propone a las parejas de larga duración que rondan los 60, 70 o más años.

Viajar por meses, hacer voluntariados o vivir un tiempo en otro país se ha vuelto cada vez más común. En esa vida en movimiento aparecen nuevos amigos, nuevas parejas y, muchas veces, más libertad. Junto con eso, también aumentan los riesgos de infecciones de transmisión sexual (ITS) si no se toman recaudos.