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Para mitigar la escasez y contener el alza de precios, Estados Unidos ha recurrido a la importación de carne bovina. En 2023 el país importó 4.600 millones de libras (alrededor de 2.070.000 toneladas) de carne, además de recibir 2 millones de cabezas de ganado vivo, cifras que constituyen un récord histórico, según informó The Economist. Sin estas importaciones, la presión sobre los precios internos sería aún mayor, y afectaría tanto a los consumidores como a los negocios que dependen de la carne vacuna, sobre todo a restaurantes y cadenas de comida rápida.
En este punto es importante destacar que, dentro de este proceso, Paraguay exportó a EE.UU. 75 toneladas de carne bovina en 2023, y para 2024 la exportación ascendió a 28.526 toneladas.
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De hecho, en lo que va del año 2025, Estados Unidos se ha consolidado como un destino importante para la carne vacuna paraguaya. En febrero, el país se posicionó en el tercer lugar del ranking de exportaciones, con 6.860 toneladas enviadas. Solo Chile, con 17.692 toneladas, y Taiwán, con 7.220 toneladas, superaron ese volumen. Además, EE.UU. desplazó a mercados tradicionales como Israel (6.099 toneladas) y Brasil (3.907 toneladas), lo que reafirma su creciente importancia en las exportaciones paraguayas de carne.

No obstante, las propuestas arancelarias de Donald Trump podrían agravar la situación. Según el mismo artículo, el presidente ha manifestado su intención de imponer tarifas a las importaciones agrícolas, lo que probablemente incluiría la carne vacuna. Si estas medidas se implementan, el precio de la carne en Estados Unidos podría aumentar aún más, dado que la oferta interna resultaría insuficiente para cubrir la demanda.
Si bien podría pensarse que esto beneficiaría a los ganaderos locales al elevar los precios de venta de su producto, la realidad es más compleja. Steve Sunderman, un ganadero de Nebraska citado por The Economist, advierte que un incremento repentino en los precios incentivaría a los productores a vender más ganado en el corto plazo, en lugar de reinvertir en la cría y reconstrucción del hato. Como consecuencia, podría generarse una escasez aún mayor en el futuro, y esto afectaría a la industria en su conjunto.
Otro aspecto que considerar, según The Economist, es la complejidad de la cadena de suministro de la carne bovina. Muchos de los animales importados por Estados Unidos son terneros criados en México, que luego son trasladados al país para su engorde. Una vez listos para el sacrificio, algunos se envían a mataderos en Canadá antes de regresar al mercado estadounidense en forma de carne procesada. Cualquier alteración en este flujo comercial, como la imposición de aranceles, podría afectar la disponibilidad de carne y encarecer aún más el producto final, menciona el informe.
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En este escenario, la industria cárnica estadounidense enfrenta un panorama incierto. La creciente dependencia de las importaciones ha sido una respuesta necesaria a la reducción de la producción interna. Sin embargo, si las políticas comerciales restringen la entrada de carne extranjera, los consumidores podrían verse obligados a buscar alternativas a la carne roja, y esto impactaría a toda la cadena productiva del sector.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones